¿Mayo? ¡Ya os podéis poner las pilas!

 

Alguna vez habíamos hablado que nos gustaría casarnos en mayo. Es más, nos habíamos aventurado incluso a augurar el año. “Será en 2017”, decíamos ignorando lo rápido que llegaría esa fecha.

Pues bien, uno de mis pensamientos durante el vuelo Nueva York-Madrid fue obviamente, cuánto nos quedaba por organizar y qué fecha elegiríamos para celebrar nuestra boda. Al trasladarle mis inquietudes a mi prometido, su respuesta fue muy simple: “Podemos intentarlo en mayo. Total, lo único que tenemos que preparar son los trajes de novios, el lugar de celebración y la luna de miel”.  Una de las cosas que me enamoró de él fue su optimismo.

En realidad, sabía que alguna cosa más había que preparar, pero mis ganas por cumplir con nuestra fecha deseada, me hicieron creerme a mi misma que él tenía razón. Al fin y al cabo queríamos una boda pequeñita, en la que la gente se lo pase en grande y poco más. No, no hace falta tanto, ¡a mayo llegábamos de sobra!

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Y quiso casarse conmigo.

Bueno, ahora es turno de compartir mi versión. El viaje a Nueva York siempre fue un sueño para nosotros. Lo intentamos varias veces y en 2016 lo conseguimos con un comienzo un poco atropellado. Siempre me acordaré del día cuando compré los billetes a las tantas de la noche después de encontrar una buena oferta y Marina estaba preocupada por el gasto. Realmente no me importaban sus preocupaciones, yo estaba dispuesto a comprar los billetes y asumir cualquier sentimiento de culpa. Hasta que llegamos a la cama y ella rompió a llorar. Madre mía, ¿qué he hecho? Ya he comprobado los billetes. Vale, si he estado dispuesto a asumir cualquier culpa, podré asumir los gastos de cancelación de los billetes. En fin, mañana será otro día. Ya es hora de dormir.
No te preocupes amor, mañana lo vemos. Bona nit cariño, que descanses… – Dije yo.
Bona nit amor (sniff sniff)… – Dijo ella.
Y desde el amanecer del día siguiente todo fueron ganas de que llegase el 27 de agosto del 2016. Era el viaje de nuestra vida. Sabía que era el viaje de nuestra vida. Al igual que sabía que quería casarme con ella y que no encontraría mejor momento y mejor lugar que Nueva York para proponérselo aquel día de principios de septiembre. Al mismo tiempo era consciente de que cada cosa tiene su momento y no quería eclipsar aquel gran viaje con otro gran hito de nuestras vidas. ¿Qué hago? No quiero preguntar a nadie porque esto es cosa de nosotros y de nadie más. No, no quiero preguntar a nadie que esto es cosa mía. Además, siempre a alguien se le puede escapar y fastidiarme la sorpresa. Ya veré qué hago. Ya me apañaré.

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