The Secret

         Si decidí que el blog iba a tomar otro rumbo es justo que empiece por el principio, lo que me llevó a este cambio. El otro día os adelanté un link con el documental que originó este bestseller de Rondha Byrne y hoy os hablo más detenidamente de El Secreto, un libro que, si no me ha cambiado la vida, por lo menos ha hecho que sea un poquito más feliz.
            Hace algo más de un año oí hablar de él por primera vez. Fue mi tía quien, en un intento de aliviar mi  agobio por el último examen de la carrera, me habló de El Secreto, un libro que por aquel entonces ella se estaba leyendo y afirmaba que la base de todo estaba en la Ley de la Atracción y que para que aquello que quieres (en este caso aprobar mi examen) se cumpla de verdad tan sólo son necesarios tres pasos: Pedir, Creer y Recibir.
Dicho así, y los que aún no conozcáis El Secreto, posiblemente pensaréis que mi tía lo único que intentaba hacer con aquellas palabras era cambiarme de tema para que me olvidara por un momento del examen. Sin embargo, y aunque en ese momento me ayudó a tener más confianza en mi misma para superar mi prueba final, no fue hasta que leí el libro cuando me di cuenta que todo lo que ocurría en mi vida estaba mi mano y en mis pensamientos y sentimientos. Lo que más me chocó fue darme cuenta que hasta entonces todas las cosas negativas de mi vida habían sucedido porque yo, aunque inconscientemente, las había atraído!!
            Mejor os cuento bien qué es eso de la Ley de la Atracción… Según esta ley, nuestros pensamientos, ya sean conscientes o no, provocan las emociones, las creencias y las consecuencias, es decir, los pensamientos son la causa y los sentimientos los efectos. Por ello, lo único que debemos hacer es pedir al Universo lo que queremos (aprobar un examen, conseguir dinero, encontrar trabajo…), confiar y creer que lo vamos a conseguir actuando como si ya lo hubiéramos recibido y dar las gracias por ello.
            Parece fácil pero la clave está en los sentimientos. Debemos sentir verdaderamente que hemos conseguido lo que hemos pedido (sentir la tranquilidad que supone aprobar el examen, por seguir con mi ejemplo). Desde luego, no es fácil al principio y en muchas ocasiones nos desesperamos y tendemos a pensar que no funciona porque tardamos mucho en recibir lo que queremos, pero ese tiempo es más que necesario para estar seguros de que lo que hemos pedido es lo que realmente queremos. Como dice Rondha Byrne, imaginaos pedir un elefante en el comedor y recibirlo en ese mismo instante! Es un ejemplo exagerado pero muy visual.


            Eso si, no penséis nunca en “cómo” se va a cumplir vuestro deseo. Para eso ya está la Ley de la Atracción, confiad y creed en que va a suceder, porque sucederá. ¿Qué mas da cómo suceda si el resultado es el que queremos? Creed. Simplemente creed.

            Por último y lo más importante, es dar las gracias por todo, por cada situación que viváis, ya sea buena o mala. ¿Que os ponen una multa? Dad las gracias porque seguramente no volveréis a repetir el motivo por la que os la han puesto y no os la volverán a poner o, porque quizás, gracias a esa multa, no habéis sufrido un daño mayor. Si os la han puesto ya, ¿de qué nos sirve lamentarnos o cabrearnos? Dar las gracias de corazón nos suavizará la ira del momento y nos ayudará a ver el lado bueno.
“Si tiene solución, ¿para qué te vas a preocupar? Y si no la tiene, ¿para qué te vas a preocupar?”
            Lo mejor de todo esto es que he aprendido a ser positiva, a ver el lado bueno de todo y a sentirme bien; sentir que tengo el control sobre mi. Siempre he dicho que lo positivo atrae lo positivo de la misma manera que lo negativo atrae lo negativo, y cada vez estoy más que convencida de que esto cierto.


            Lo más sorprendente es que todo esto que os cuento me lo decía mi madre desde que tengo uso de razón… “Controlamos nuestra vida con nuestra mente”, “El poder de la mente, Marina”, me decía. Y la verdad es que, aunque sabía perfectamente lo que quería decirme, nunca había sido capaz de aplicarlo conscientemente. Siguiendo con el ejemplo de mis estudios, durante toda la carrera, antes de un examen, la llamaba para preguntarle si creía que iba a aprobar o no. Si me decía que sí, que ella estaba tranquila y que sabía que iba a aprobar, me tranquilizaba yo también y me el examen me salía genial. Sin embargo, en el momento en que la veía dudar, me preocupaba y casi siempre me iba mal. Le daba a mi madre el poder que, por ejemplo, los creyentes le dan a Dios, cuando realmente la que tenía ese poder era yo, que al creer que mi madre tenía razón siempre, estaba condicionando mi propio mi estado de ánimo para llevar a cabo el examen. ¡Menos mal que mi madre es lista y siempre me decía que me iba a salir bien! Jajaja.
Si tienes que creer en algo, cree en ti”

Puede que parece que parezca que os estoy metiendo un rollo impresionante o hasta que me haya metido en una secta (hasta yo lo he pensado! Jajaja) pero, si desde que me di cuenta de que yo misma controlo cada movimiento de mi vida y que tengo que dar las gracias hasta por las cosas malas que me pasan, me va mucho mejor y soy más feliz… ¿por qué no seguir creyendo en la Ley de la Atracción?
Os he explicado esto de manera muy resumida y personal, pero os recomiendo cien por cien el libro para que veáis y comprobéis lo que os digo. ¿Mi consejo? ¡¡Pedid ser felices y creed!! Al fin y al cabo…

Relax, felicidad y un lugar con encanto

       ¡Vengo con energías totalmente renovadas! Han sido tres semanas de locura y agobio con el Máster y todavía teníamos pendiente la celebración del cumpleaños de una amiga, así que se le ocurrió la magnifica idea de irnos a la casa que tiene en Sanlúcar de Barrameda a pasar el fin de semana juntos.
        Coche cargado maletas, compra grande del súper, amigos y sobretodo muchas ganas de relax y risas fueron los puntos claves con los que el viernes, después de clase, partimos hacía ese maravilloso pueblo blanco.
         ¿Sabéis esa sensación de que olvidáis el mundo y sólo sois capaces de ser felices? Pues algo así me (o, nos) ha pasado este finde… Quizás fue la brisa del mar que nos inundó de paz, o una casa preciosa que nos acogía con los brazos abiertos, o la compañía de gente con la que no puedes para de reir; o quizás ha sido todo en su conjunto. El caso es que necesitaba justamente esto y ha superado con creces mis expectativas.
     Por eso quiero compartir con vosotros estos pequeños momentos que, al fin y al cabo, son los que nos recuerdan que la vida es un conjunto de pequeños momentos…


Atardecer en La Calzada

Terraza ático del Hotel Guadalquivir


Bar Balbino, en Plaza Cabildo. ¡Las mejores tortillitas de camarones que he probado nunca!


Plaza de abastos. ¡Qué pescaito frito más rico compramos y qué bien lo prepararon Reyes y Adri!


Palacio de los duques de Medina Sidonia. Aquí tuvimos un momento de soledad cada uno que fue mágico…


Bajo de Guía
Y por último, y con el permiso de sus dueños, os enseño la casa de mi amiga. Una de esas casas que tienen historia y que tanto me gustan…



         En 1590 los frailes Mínimos de San Francisco de Paula llegaron a Sanlúcar de Barrameda, a instancia del Séptimo Duque de Medina Sidonia, Alonso Pérez de Guzmán, y en 1614, Marina de Almonte los instituye herederos universales de toda su fortuna, con la que pudieron levantar el convento de la calle Tartaneros.
     Con la llegada de los franceses a España, el convento se convierte en el lugar donde se alojaron las tropas y el edificio resultó bastante dañado. Tras la marcha de los franceses, los frailes volvieron al mismo hasta que, con la desamortización, fue vendido a Antonio Otaolaurruchi, y en enero del año 1989 se hace el encargo de la obra de restauración del antiguo Convento de Ntra. Sra. de la Victoria, para convertir parte del mismo en el Centro Cultural La Victoria, obra que comenzó el año 1991 y con la que se rehabilitó el claustro del convento para viviendas.
          No me diréis que no tiene historia… Y encima Reyes, la madre de mi amiga, ha tenido un gusto perfecto para decorarla. Cada rincón tiene su encanto y está en total sintonía con el lugar. En fin, ¡que me enamoré de la casa!
          Y por ahora esto es todo… ¡¡Nos vemos pronto!! J